Con ese elevado al jardín central se completa  la primera victoria de la temporada, ojala que sean muchas, a decir verdad unas treinta y cinco. Con eso es suficiente para clasificar.

Mientras pienso esto alguien me dice: “permiso señor, permiso”   -caramba joven,  ¿usted como pertenece al bando de los que perdieron esta noche?-  Le respondí, sin querer estaba obstaculizando su trabajo, el cual consistía en recoger todo tipo de evidencia que delatara la alegría de los miles de fanáticos tras el out veintisiete del juego. Pero ¿Por Qué?  Eso lo pueden hacer  mañana,  total tienen casi todo el día.

Y  es que al terminar el juego un autentico  ejército de orden y limpieza salió a eso, a poner orden y levantar del piso, vasos, colillas de cigarrillos clandestinos  que ante cada buena jugada del local era arrojado por los aires del coliseo y parecía darle fuerzas a los pulmones  de sus seguidores que elevaban los decibeles de los cánticos durante las nueve entradas.

Al bajar al club-house en búsqueda del testimonio de los protagonistas, de los que hicieron posible otra victoria más, es decir, los héroes. Se nota un ajetreo que tiene como estrella la lavandería, pero es que esta gente no se queda quieta, esos uniformes pueden esperar hasta mañana en la mañana total el juego es a las siete y media de la noche.

El encargado de la lavandería gira instrucciones a sus muchachos para que cada uniforme esté  listo antes de las ocho de la mañana.

Llego al terreno de juego y en medio de la algarabía que produce ganarle a tu más acérrimo rival en la liga, observo al personal de mantenimiento despojando al infield de las almohadillas y al mismo tiempo resguardando las zonas de más trajín: el homeplate y el recinto del lanzador, la lomita.

Después de unos segundos logro hablar con el manager, su sapiencia y oportunos cambios fueron factores determinantes en esta victoria, y al consultarle acerca de sus movimientos solo me dice, que  esa victoria ya pertenece al pasado y ahora solo le toca preparar el partido de mañana el cual será ante otro rival. -Cónchale pero al menos muestre un poco de alegría, es una victoria empezando la temporada ante tu eterno rival, es el mejor augurio para este equipo.

De nada vale mi comentario, el beisbol es una máquina que no parece detenerse, ni siquiera para celebrar. Aun así el manager me dice que lo que si va a realizar ahora mismo es un meeting con sus jugadores, supongo que debe ser para hablar de la temporada que recién ha comenzado.

Hecho el trabajo periodístico me dispongo  a salir del estadio, pero noto un grupo de personas en la taquilla esperando y haciendo la cola para adquirir sus entradas. Me atrevo a preguntar a un fanático, -disculpe amigo  ¿Por qué está haciendo esa cola para comprar una entrada para el juego de mañana?-  Y su respuesta fue: “lo que pasa es que una victoria empezando la temporada ante los  eternos rivales, me da un buen presentimiento de lo que pudiera pasar esta temporada.”

La nota  del juego no es la victoria del local, sino más bien los hechos entorno al partido que suceden después del mismo y que me exigen pensar que el juego de pelota no comienza a las siete de la noche,  ni mucho menos a las cinco de la tarde cuando abren las puertas para los fanáticos, tampoco  a la hora de la práctica de bateo a media tarde, el juego de pelota comienza inmediatamente después del out veintisiete, es toda una coreografía en donde cada quien sabe su rol y lo ejecuta día a día a la perfección.

Cada quién a lo suyo, por cierto al llegar a la redacción debo preparar otra historia, la de hoy ha quedado en el pasado y mi juego para mañana; apenas comienza.