El parque universitario fue testigo de su último juego

Toda la vida fanático del Magallanes y jamás había estado en el parque universitario.
Esta es la oportunidad para hacerlo, un amigo del trabajo me invito a ver un Caracas-Magallanes, pero en la capital.

Me gusta ver el juego hasta el final, no importa si estamos debajo en la pizarra porque igual se puede remontar el score mientras no realicen ese último out-el juego no termina hasta que se acaba- es el refrán más conocido en el béisbol-.

El encuentro estuvo parejo hasta el 6to cuando el Caracas se desató a batear, parecía una práctica, -en mi contabilidad beisbolera siempre cuento al menos 5 juegos que perdemos por paliza durante la temporada, pero también ganamos 5 por paliza-, así es el béisbol de equilibrado.

Mi compañero no soporta y me dice -vámonos que este juego está cuesta arriba-.

No quería pero ante la insistencia dejamos el recinto universitario en el séptimo, -obvio que él no creía en el séptimo de la suerte- pero yo sí.

Una vez en el carro busque la radio y la encendí –te vas a torturar? Ese juego ya se perdió- me dice. Ignoro su comentario y sintonizo el circuito rival, el de los Leones.

Es mi manera de ligar –escuchando como el contrario narra las hazañas de mi equipo-.

Los juegos abiertos son como un laboratorio, al menos en el béisbol, pues permite al manager dar la oportunidad de jugar a lanzadores que atraviesan problemas; a los bateadores que hacen vida en la banca por las razones que sea; los que vienen de una lesión; los que están de salida y los que están iniciando su carrera, aquellos que llamamos novatos.

-Un jonrón (solitario) del primera base Toby Rumfield me hace pensar que eso es una señal, que si podemos remontar; aun nos quedaba el noveno para terminar la remontada, pensé.-

El narrador anuncia que Leones tiene un bateador emergente: -el joven José Castillo a batear en el cierre del octavo inning-.

Este muchacho es un gran bateador -asegura el comentarista del circuito rival, viene de batear para .299 en la filial clase A de los Piratas, todo eso en 529 veces al bate-, remató el emocionado comentarista.

Castillo conectó triple, era el primero de muchos, el primero de 28 para ser exacto.

El béisbol es tan asombroso que con el tiempo terminas admirando a todos los que lo juegan y sobre todos a los que lo hacen derrochando talento, tanto que parecen tocados por Dios, bueno de hecho es un don del creador.

No importa si juega para tu archirrival por naturaleza.

José Castillo está en un grupo selecto y no me refiero solamente al de los mil imparables en la LVBP, es ese grupo de seres humanos que al parecer les resulta fácil hacer su trabajo.

Batear es una de las cosas más difíciles de realizar en el béisbol, tanto que si fallas 7 veces en 10 turnos eres un fenómeno.

José era uno de esos fenómenos, el bateador que ningún equipo contrario quería ver en el home plate y menos con corredores en circulación.

Cuando lo dominaban yo sentía que el equipo realizaba dos outs en un solo turno, duro de dominar.

Se acercaba a los mil imparables en la liga, -yo ligando que lo diera en Valencia-.

Magallanes lo visita en Barquisimeto y está cerca, menos de 5 para la emblemática cifra.

-Eso es nada para un excelso bateador, llegará a Valencia con más de mil imparables, 2 juegos es tiempo suficiente para lograr la hazaña.-

Incluso, en un juego puede conectar más imparables que muchos en una semana.

-Un slump? No, eso no está en su léxico.-

Fuerte candidato a superar los 1505 hits de Víctor Davalillo, pero en el cielo el juego se abrió y lo llamaron para que debutara como en aquella noche en el universitario.
Lo reciben, “Camaleón” García, César Tovar, y Teolindo Acosta.