Víctor López

Mucho se habla en Venezuela de la gran calidad de peloteros que se exportan año a año, a lo largo del último tiempo, el pelotero venezolano se ganó el respeto  de los conocedores del béisbol y de las diferentes organizaciones. Actuaciones como las ya conocidas de Miguel Cabrera en temporada regular o explosiones ofensivas en postemporada como las de Sandoval, Scutaro o Salvador Pérez, son hechos que certifican la gran calidad, sobre todo ofensiva, que el jugador venezolano ha demostrado recientemente.

Pero ante las evidencias estadísticas que está dejando la actual temporada del béisbol de las grandes ligas, es coherente destacar que algo está ocurriendo con la ofensiva de la gran mayoría de los bateadores venezolanos. La temporada de 2017 está siendo un año duro para muchos peloteros criollos, cuya presencia ofensiva y su bateo para promedio ha caído de forma exponencial. A la fecha sólo cuatro peloteros poseen un promedio de bateo mayor a los 300 puntos. Cifra que sorprende pero que de ninguna manera es inédita, pues en el 2016 el grupo fue del mismo número de toleteros.

Este año José Altuve sigue demostrando su calidad ofensiva con un contundente .361, hasta la segunda semana de agosto y encaminado a otro título de bateo (seria el tercero de su carrera) pero aquí inicia la caída libre, pues Altuve es el líder de los 30 bateadores que en toda la MLB están por encima del potro de los 300 puntos, sin embargo, hay que desplazarse hasta el puesto 17 para encontrar a Marwin González en su mejor año ofensivo y su sobresaliente .310. La lista la cierran Avisail García (sosteniéndose a partir de su gran comienzo de año) y el zurdo David Peralta, con .310 y .305 de promedio, respectivamente.

Fuera del gran, y esperado, año de Altuve, se nota y mucho la merma ya prolongada en cuanto al promedio de bateo de los criollos. Como anécdota, es probable que se culmine por octavo año consecutivo con un campeonato de bateo venezolano, lo cual no debe ocultar la realidad de la baja ofensiva para promedio que se ha presentado en los años recientes.  En el presente lustro, son especialmente llamativos tres casos de peloteros llamados a estar ubicados entre los bateadores que están por encima de lo regular en el béisbol y sus temporadas están siendo decepcionantes. Carlos González, campeón de bateo de la Liga Nacional en el 2010 y con un excelente swing, está teniendo su peor año ofensivo en las mayores, acarreado desde el pasado Clásico Mundial, su promedio de .232 y apenas siete cuadrangulares en más de 380 turnos son escandalosos para un pelotero de su calibre.

Por otro lado, se destacan el bajo promedio del campo corto de los Kansas City Royals, Alcides Escobar, que batea para .229 con tres cuadrangulares a pesar de ser líder en juegos disputados en la Liga Americana. El otro caso, bastante particular, es el del zuliano Rougned Odor, el segunda base de los Texas Rangers está teniendo un año de derroche de poder, nuevamente, pero su bajo average de .224 es la mancha en su buena temporada desde el punto de vista de los extrabases, esta relación entre promedio y jonrones recuerda la temporada de 2015 de Luis Valbuena con los Astros (25 HR y 224 de promedio) y desembocan en años que son complejos de analizar.

La pasada temporada también culminó con un título de bateo y el tercer lugar de Altuve en la votación para el premio al jugador más valioso de la Liga Americana, sin embargo, la lista de jugadores arriba de .300 también fue reducida, de los que aparecen este año, sólo repite Altuve. Se sumaba Miguel Cabrera, como de costumbre, junto con Martín Prado y Elvis Andrus en el mejor año ofensivo de su carrera. Altuve estuvo en ritmo natural con .338, Cabrera ya demostraba una caída en su ofensiva con un .316 respetable pero alejado de sus mejores años, luego estaba Prado (.305) y Andrus (.302). El año 2015 fue difícil para la ofensiva en general, aunque el grupo de venezolanos que batearon por encima de .300 fue igualmente de cuatro toleteros, éstos representaron una quinta parte de los mejores bateadores del curso, pues el grupo fue apenas de 20. Aquella temporada cerró con otro título de bateo venezolano, a manos de Miguel Cabrera, con una temporada en la que apenas cumplió con el mínimo de turnos requerido, por culpa de las lesiones.

En la temporada que está transcurriendo, hay un total de 61 peloteros venezolanos cuyo número de turnos puede ser tomado como referencia para sacar conclusiones a partir de la exactitud que el lenguaje numérico nos brinda. De este amplio grupo de bateadores, 23 tienen una cantidad de turnos mayor a los 300, es decir, un promedio cercano a los dos turnos por partido, el promedio de bateo colectivo de esta cantidad de peloteros es de .272, promedio respetable pero que está un poco inflado por la alta suma que da la inclusión del .361 de Altuve.

Restando el promedio del fuerte candidato al premio MVP y líder de bateo de la Liga Americana, el descenso es leve  pero notorio, pues pasa de un promedio colectivo de .272 a .262, una diferencia de 10 puntos auspiciada por el gran año ofensivo de la segunda base de los Astros.

Los bateadores venezolanos en los últimos 30 años se destacaron por su gran ofensiva, esto lo sustentan los nueve campeonatos de bateo que han obtenido los criollos desde que Andrés Galarraga dio el golpe en la mesa con su impresionante promedio de .370 en el 1993 y le arrebatase al miembro del salón de la fama Tony Gwynn el título de bateo de la Liga Nacional, además Galarraga completó seis temporadas más por encima de .300 punto de average en su carrera. El siguiente bateador venezolano en lograr tal reconocimiento fue Carlos González en el 2010, año que inició la racha de siete seguidos con título de bateo para Venezuela, gracias al tricampeonato de Miguel Cabrera (2011-2013 y 2015) y el bicampeonato de José Altuve (2014 y 2016).

Esta fama ganada en base a grandes actuaciones por parte de los bateadores venezolanos sigue intacta, a pesar del descenso en la ofensiva grupal de los nativos y, esperemos, que sea tan sorpresiva como efímera.

En resumen, año difícil para los criollos que, curiosamente, puede culminar de gran forma una vez más, después de todo, el rótulo del “mejor bateador de las mayores” sigue en mano de uno de los nuestros.